Un periodista en el Concilio


23 de octubre de 1962


"UNOS DECIAN QUE SI Y OTROS DECIAN QUE NO"

Los periodistas seguimos desconcertados con los boletines de la Oficina de Prensa del Concilio. El de hoy es un delicioso documento histórico. Véase la apasionante información que nos sirve: En las intervenciones de los Padres en la sesión de esta mañana se han puesto de manifiesto las diversas orientaciones que nacen de escuelas, ambientes y experiencias diversas, pero siempre dentro de un idéntico afán para poner de relieve el valor intrínseco da la liturgia y hacer de ella expresión viva y real del culto que la Iglesia universal rinde a Dios Nuestro Señor. ¿Y con esto hemos de informar nosotros a nuestros lectores?

Un hecho: comienzan a marcharse los enviados especiales. Otro hecho: el espacio dedicado al Concilio en la Prensa italiana ha descendido en un 80 por 100. ¿Es que acaso lo más importante de un Concilio es su función de apertura? ¿Es que acaso lo que enseñaría algo al público no son los temas en estudio, más que los ríos de mitras?

Por fortuna en otras cosas el boletín oficial es más explícito. Hay que ver con qué precisión informativa nos describe hoy la ceremonia de la entronización del Evangelio. Ofició en el sagrado rito monseñor Juan Villot, arzobispo coadjutor de Lyón y subsecretario del Concilio, el cual llevó en procesión los Evangelios desde la credencia, colocada junto a la estatua de San Pedro, hasta el altar conciliar, situado en el centro del Aula Ecuménica. Iba acompañado de dos acólitos con cirios encendidos, mientras los Padres Conciliares cantaban el salmo "Laudate Dominum", alternando con los versículos del "Christus Vincit". Al leer todo esto los periodistas respiramos pensando en lo apasionantes que van a resultar nuestras crónicas cuando les contemos a nuestros lectores que los cirios eran dos y que iban encendidos y no apagados y cuando les describamos el sitio donde estaba la credencia. Imposible mayor objetividad.

Fuera de bromas, los pobres periodistas empezamos a preocuparnos. Nosotros entendemos muy bien el que no se nos deje entrar en el Aula, ya que esto cortaría la libertad de los Padres. Entendemos también que no se nos digan ciertas cosas que podríamos tergiversar nosotros o nuestros lectores. Pero ¿de veras es tan peligroso lo que se está estudiando en el Aula?

Y lo cierto es que si queremos cumplir con nuestro deber de informadores tenemos que lanzarnos a la búsqueda de noticias como podamos, ya que las columnas del periódico no son menos por el hecho de que la Oficina de Prensa no nos dé noticias, y, por otro lado, como uno siente su deber de periodista católico, sería un dolor el que nuestros periódicos, cansados de nuestras aburridas crónicas, terminasen hablando de cine en el lugar que pensaban destinar al Concilio.

Por fortuna las noticias circulan. Parece ser que aún no se ha descubierto un sistema para que 3.000 personas guarden un secreto; y, a pedacitos, a pedacitos, con la paciencia de un mosaicista. puede recomponerse bastante de lo que sucede en el Aula.

De estas informaciones podría deducirse que en el Concilio han comenzado a diseñarse dos tendencias: una que apoya el esquema y que aun desearía que se ampliasen las reformas que en él se dibujan, y otra, que estima que el esquema no es necesario, ya que lo verdaderamente importante que habla que refomar en liturgia ya está hecho por la labor reformista de los últimos años. En la Primera sesión dieciséis intervenciones defendieron el esquema porque abría puertas a la reforma y las abría con moderación. Cuatro Padres, en cambio, se mostraron opuestos al esquema como demasiado innovador. Representante de esta tendencia fue sin duda el más vigoroso monseñor Dante, secretario de la Congregación de Ritos, que movió doce ataques contra el esquema en general. En la línea defensora destaquemos al cardenal Feltin, arzobispo de París, que expuso la necesidad de la reforma litúrgica como Pastor de una gran ciudad en la que, por su composición sociológica extraordinariamente diversa, podía comprobarse que la liturgia en su estado actual resulta incomprensible para las mayorías.

Un segundo punto ha empezado a entrar ya en juego en las discusiones: ¿La reforma litúrgico ha de hacerse desde las congregaciones romanas o han de llevar la iniciativa las comisiones episcopales nacionales? No creemos lanzar un globo deshinchado afirmando que éste será uno de los grandes temas de este Concilio: ¿centralización o una relativa independencia a las comisiones episcopales? Como es lógico se dibujan también dos posturas ante este problema, posturas que van a coincidir casi literalmente con las dos que hace poco diseñamos. ¿Con cuál coincidirá la mayoría? Por el momento uno opinaría que la mayoría estará en las posturas intermedias, en aquel camino que ya marcó Pío XII en la Mediator Dei cuando aspiraba a conseguir una liturgia que evite, respecto al pasado, las dos posturas extremas: un apegamiento ciego y un desprecio total.


UN EXTRAÑO CARDENAL

Esta mañana me llamó la atención un grupo de fotógrafos que disparaba fotos y más fotos a una muchacha jovencita con un gracioso sombrerito tirolés. No fue difícil reconocerla porque las revistas italianas la vienen sacando en sus portadas una semana sí y otra no: Claudia Cardinale, la actriz de cine.

Esta tarde he entendido la maniobra de la nena al ver en todos los periódicos de la tarde la foto de Claudia con el chiste barato en el título: "La Cardinale entre los cardenales". Publicidad, dueña del mundo.


YA SONO LA CAMPANILLA

Ayer sonó ya por primera vez la campanilla de la presidencia, recordando a un Padre que habían pasado los diez minutos que se conceden como máximo a cada intervención, y, por segunda vez, para recordar a otro que se ciñese al asunto a tratar, ya que no se estaban debatiendo puntos concretos, sino el esquema en general. De todos modos el ritmo de intervenciones fue muy rápido, ya que, en menos de dos horas y media, hablaron el cardenal Larraona como ponente, el Padre Antonelli como relator e intervinieron nada menos que veintiún Padres Conciliares.


TODO ES SEGUN EL COLOR

Uno de los Padres Conciliares señalaba ayer en una entrevista concedida a un periódico francés que el problema de la liturgia hay que mirarlo con ojos universales, porque si no se producirían problemas curiosísimos. Así, recordaba que para los indios todo beso es escandaloso y que no podían entender los "besos de la paz" que hay en la misa solemne; que, mientras para nosotros el negro es color de luto, para los chinos el luto es el blanco; que si para los occidentales el rojo es el color del amor, para los japoneses es el color del odio, etc. Sí, será apasionante la universalidad del Concilio para ver estos problemas con cinco mil ojos.

barra
página en construcción barra


webmaster:hsotto@ctcreuna.cl