Un periodista en el Concilio


15 de octubre de 1962


AUTORIDAD Y LIBERTAD EN LOS CONCILIOS

Día sin grandes novedades espectaculares, pero de gran movimiento. Los Episcopados, reunidos en sesión casi continua en los respectivos colegios nacionales; la preparación de listas, los contactos entre Episcopados. Los obispos italianos se han reunido ayer ­por primera vez en su historia! Parece que todos los obispos de Africa han decidido fundar una conferencia episcopal con todos los obispos del continente. Doscientos sesenta obispos. Van a pesar seriamente en este Concilio. Y al parecer están más unidos que los de ningún otro continente. También los obispos de ritos orientales van a fundar una conferencia episcopal conjunta. Y pienso que aunque este Concilio no lograse más frutos, ya bastaría este de ver la necesidad de la compenetración entre los obispos de la misma nación y de la misma área cultural.

Pero quizá la noticia del día sea el artículo que, firmado por Benvenuto Matteuci, ha publicado esta tarde L'Osservatore Romano. El título: "Autoridad y libertad en los Concilios", la fecha y lo autorizado del periódico que lo publica hacen que su planteamiento tenga un extraordinario interés. Resumo algunas ideas:

Comienza afirmando que todo Concilio ofrece un singular matrimonio de autoridad y libertad, la autoridad está al Servicio de la libertad, la libertad está al servicio de la autoridad, y ambas al servicio de la verdad. El arranque del artículo, como se ve, no puede ser más valiente.

Entra después a estudiar la necesidad de la libertad en un Concilio, y escribe: En toda asamblea conciliar la asistencia del Espíritu Santo garantiza la infalibilidad de las decisiones dogmáticas. Pero la infalibilidad no es la inspiración, no es una liberación del esfuerzo en la búsqueda de la verdad. Un estudio personal libre, una libre aportación colectiva, un libre tributo a la fatiga humana no son excluídos; más aún, son necesarios y exigidos en un Concilio Ecuménico.

Como lógica consecuencia de esta necesaria libertad en el interior de todo Concilio hay un libre intercambio de proposiciones y argumentos, en las que cada uno expresa su propio parecer. En esta voluntaria expresión individual de opiniones, de proyectos, de propuestas, pueden emerger y emergen diversidad de opiniones, de sistemas, de escuelas teológicas. El axioma de San Agustin: "En lo necesario, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad, se afirma aquí con toda validez, permitiendo o lo humano revelarse en sus características no separadoras, sino asociadoras, de modo que diversos aspectos queden reunidos en una plenaria unidad de fe. Nada sería más peligroso y perjudicial que imaginar a los Padres conciliares pasivos, mecánicos, repetidores, inertes presencias en una asamblea.

Pero el periódico vaticano no se limita a proposiciones abstractas, baja a lo concreto:

Habrá en el Concilio temas en los que se produzca un acuerdo unánime. Pero puede suceder que en algunos aspectos los debates sean encendidos y animados. Esta previsión hipotética tiene su base en el estudio de los Concilios precedentes. Es, pues, natural -prosigue Matteuci- que en el interior del Concilio emerjan lo que en lenguaje parlamentario suelen llamarse "partidos" de centro, de derecha, de izquierda, según sus posiciones más moderadas o avanzadas y que se hable de "oposición". Piénsese en la oposición de los antioquenos en Efeso; de los alejandrinos, en Calcedonia; de los agustinienses, en Trento. Pero los así llamados partidos u oposición están en función de la búsqueda y de la expresión de la verdad. Un Concilio, aún contando con la Divina asistencia, se desarrolla en la libre discusión humana y se negaría todo valor a un Concilio si se suprimieran proyectos, pareceres, proposiciones y expresiones clarificadoras de la verdad.

Lo importante -concluye el articulista- es que la verdad esté en el corazón de todos y que resulte vencedora, y que juntamente a la verdad reinen la caridad, el respeto mutuo y la mutua comprensión. Un Concilio Ecuménico, pues, no es nunca ni una dictadura, ni parlamentarismo, sino suprema expresión del Magisterio solemne, que une la Verdad a la Vida, y la Vida a la Verdad.

Nunca sabrá L'Osservatore Romano el favor que nos ha hecho a todos los periodistas creándonos este hermoso precedente. Hay muchos que, con un concepto beatificante de la Iglesia, pretenden además de la unidad la uniformidad, y sueñan un Concilio de genuflexiones y no de diálogos o debates. Temen que la Iglesia pudiera hundirse si dos cardenales no están de acuerdo sobre el tono de voz con que debe rezarse el Rosario y esperan que los periodistas demos del Concilio un dibujo como si se tratase de una asamblea de bienaventurados.

Nosotros sabemos que los debates vendrán, se pueden oler ya en el aire. ¿Y cómo podremos hablar de ellos si se nos recorta todo nuestro lenguaje? Esperamos que si L'Osservatore llega a usar la palabra partidos -que me parece exagerada, la verdad- podremos al menos usar el término "tendencias". En fin, esperemos que quienes tanto nos exhortan a que digamos siempre la verdad nos dejen sencillamente decir la verdad.

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