Un periodista en el Concilio


Prólogo

José Luis Martín Descalzo
Martin Descalzo
Este libro nace de una tristeza: La de quien, al llegar entusiasmado del Concilio, se encuentra un clima católico que ha vivido en una dulce indiferencia aquello que uno había juzgado entusiasmante. Del Concilio la mayoría de los españoles no sabía nada, ni para bien, ni para mal.

¿De quién era la culpa? Yo pensé en varias categorías sociales. Entre ellas pensé en nosotros, los periodistas. "Pero la Prensa española no ha cometido errores conciliares como la impía y blasfema prensa de otros países..." Es verdad. Pero ¿acaso no es sencillo no cometer errores limitándose a guisar un suave refrito de unos comunicados oficiales? En breve: la Prensa española -hablando en términos deportivos- ha sido, en materia conciliar, la menos goleada del mundo. Pero también una de las menos goleadoras. Pasa así en casi todas las cosas en España: tenemos una magnífica defensa y un menos que mediano ataque. Por eso este libro nace de una tristeza.

Pero también nace de una alegría: la de ver con qué ojos era uno escuchado cuando contaba cosas conciliares al regreso de Roma. Grupos de amigos, seglares, sacerdotes, aquí, allá, escuchaban con miradas ávidas horas y horas, siempre querían saber más, más, más.

Por eso nació este libro. Enviado a Roma por "La Gaceta del Norte"-uno de los pocos periódicos españoles que han sabido sentir y vivir el Concilio-, cada noche emborronaba algunas páginas de mi diario. Páginas que no iban destinadas a la publicidad, al menos inmediata. Hoy esa doble circunstancia del afán de saber de muchos y de la falta de una información digerible, hacen que parte de esas notas y parte de las crónicas publicadas en "La Gaceta del Norte" se hayan convertido en este libro. Libro que quere ser objetivo, es decir: vivo; reflejo de la vida conciliar con todo cuanto tenía de humano, de anecdótico, de profundo también. He procurado que este fuera un libro "legible", pero no ha sido para ello necesario endulzar la verdad ni adobarla. Bastaba con recoger las cosas tan apasionantes como han sido.

Pero no cometamos el pecado de los prólogos largos. Ahora...

-Ahora, ¿jura usted decir la verdad, sólo la verdad y toda la verdad sobre el Concilio?
-¡Qué cosas más difíciles me pides, lector! ¿Cómo podrá un periodista, rodeado de secretos por todas partes, un periodista envuelto en ese mar de rumores que es la ciudad de Roma, garantizar que dice sólo la verdad y toda entera? Rebajémoslo un poco: digamos que te ofrezco unas buenas rebanadas de verdad conciliar, casi toda la verdad, si te empeñas.

Hela aquí. Empieza un día otoñal de 1962. El cuatro de octubre, exactamente.


DOS ADVERTENCIAS IMPORTANTES:
Me parece que debo señalar que:
a) No siendo este un libro de historia, ni una crónica matemática de los sucesos, me he tomado algunas libertades en cuanto a la cronología de algunos hechos secundarios. Las fechas en este libro son siempre exactas por lo que se refiere a los hechos importantes, o a aquellos en los que la fecha tiene un verdadero interés por su influjo en tales o cuales sucesos. Pero en algunos puntos secundarios -conferencias de Prensa, comentarios periodísticos-, estos han sido a veces aproximados a los temas sobre los que giraban, para evitar repeticiones inútiles.
b) En lo que se refiere a lo sucedido dentro del Aula conciliar, he preferido manejar sólo las cosas que son ya públicas, renunciando a las cosas que yo haya podido saber de información particular. He manejado para ello lo publicado en revistas y periódicos. Me parece de justicia señalar especialmente el uso que he hecho de la espléndida información ofrecida por "La Croix" en las sesiones referentes al esquema "De Ecclesia".
J.L.M.D.
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